miércoles, 22 de septiembre de 2010

VIVENCIAS del ex COMANDANTE de la FUERZA AÉREA SUR - Brigadier General (R) Ernesto H.Crespo en el Conflicto de Malvinas - 2 parte.


Conferencia sobre las operaciones de la Fuerza Aérea en la Guerra de Malvinas - 2 parte.

"Prácticas de Ataques"


Alrededor del día 05 de abril, llegó el Brigadier Camblor, quien venía a hacerse cargo del Sistema de Defensa del Teatro de Operaciones Sur. En ese momento, en Comodoro Rivadavia, coexistían siete Comandos, lo cual era imposible de coordinar. De común acuerdo decidimos reducir todo ese esquema organizando un sólo Comando y  agrandamos el Área de Operaciones para facilitar el control de la operación de los aviones.

Nos dimos cuenta que a pesar de haber volado varios años, muchos de los pilotos de la Fuerza Aérea nunca habían visto un barco en el mar, por aquello de la Resolución Nº 01/69.  El perfil de un barco en el mar era una incógnita, no sabíamos cómo estaban pintados, que  largo tenían, con cuantos aviones se podían atacar, cómo influían la lluvia, la llovizna, la niebla o la neblina, factores comunes en esa zona. El Estado Mayor comenzó a coordinar con la Armada, para poder tener una idea básica, y todos, Comando y Unidades, empezaron a prepararse para lo que iba a suceder.

 Se organizó la primera práctica de ataque a un barco, pero los pilotos no encontraron la flota nacional, a pesar de haberse establecido de antemano las coordenadas, ubicación y frecuencias a utilizar. La Armada expresó que nunca proporcionaba sus posiciones cuando estaba en situaciones de guerra, lo cual era comprensible, aunque no lógico, porque ambas Fuerzas estaban del mismo bando. Cuando la encontraron, luego de buscarla por un tiempo, se sorprendió a la Santísima Trinidad, un destructor Tipo 42 similar a las que tenían los ingleses. Sin embargo la Armada pretendió demostrar que, el éxito obtenido en el ataque simulado se había debido a una falla de la central electrónica, que organizaba toda la defensa y movía toda la embarcación, y que un destructor era directamente impenetrable. Estos conceptos fueron expresados en presencia del Brigadier Camblor y del resto del Estado Mayor. “¿Se pueden imaginar ustedes, a esa altura de los acontecimientos, el golpe psicológico que fue eso?. Pensé,¿Qué va a pasar si la gente en las unidades se entera de esto?. Por obra y gracia del Espíritu Santo los pilotos se enteraron. Revertir esa situación anímica costo muchísimo. Hubo que demostrar muchas cosas y perseverar a través de toda la campaña, para que no se sintieran, digamos impedidos de enfrentar una fragata o un destructor con toda la artillería, los misiles o con todo lo que tiraba esa gente”.

Por esos días, visité Malvinas, a pesar que no dependía de mí, no tenía incumbencia con Malvinas, sin embargo en Malvinas había desplegada gente de Fuerza Aérea; gente que yo muy bien conocía, subalternos y compañeros de la Fuerza Aérea. Fue intrigado por saber que estaban haciendo y que necesitaban, tanto en Puerto Argentino como en Darwin. Esto permitió que se organizara el apoyo logístico necesario de esas tropas en las islas.

Esos viajes, además, fueron utilizados para buscar, desde el punto de vista aéreo, el de un piloto, donde no le gustaría encontrar, en esta geografía o en esa orografía tan particular que tienen las Islas Malvinas,  a los barcos enemigos. Se seleccionaron tres posiciones: San Carlos,  Darwin y lo que se llamó, Bahía Agradable,  nombre asignado, posiblemente porque hay un monte cercano que se llama Pleasant (Agradable), aunque la entrada del mar realmente se llama Bluff Cove.  Consultados los asesores de la Armada en el Comando de la FAS, concluyeron que era imposible que sucediera un desembarco allí o que la flota utilizara esos lugares, ya que eran aguas poco profundas y había muchas piedras.

No obstante, el Estado Mayor se quedó con aquellos lugares. Se confeccionaron las Ordenes Fragmentarias (OF), ordenes que planifica y distribuye el Comando para que las unidades cumplan una determinada misión, ¡Para los tres lugares! Las OF fueron entregadas a las unidades a mediados de abril, de manera que los pilotos practicaran, durante sus vuelos de reconocimiento, sobre aquellos lugares que, desde el punto de vista aéreo, se presumía que iban ser utilizados.

 Luego nos enteramos que los ingleses habían determinado, a priori, veintiuna o veintidós posiciones posibles de desembarco, se quedaron con dieciocho y por último seleccionaron tres.  ¡Las que habíamos seleccionado durante nuestras visitas!.

La intuición sobre una posible guerra, se hacía cada vez más predecible lo que nos llevó a pedirle al Monseñor Bonamin (Ex capellán castrense) que visitara las islas y nos diera, desde el punto de vista espiritual, una idea de lo que podía suceder con el personal de las Fuerzas Armadas desplegado allí. Dejo librado al pensamiento de los presentes el resultado de la gestión del sacerdote, si no lo descubren, se los comento al final de la exposición.

Por esos días supimos que el 30 de marzo Margaret Thatcher había ordenado el desplazamiento de tres submarinos nucleares al Atlántico Sur, el Spartan, el Splendit y el tristemente célebre Conqueror, el que torpedeó al Crucero General Belgrano. 




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